La cabeza como arma de fuego.

lecturas_desordenadas

Sientes que se te aplasta el intestino. No se trata de la hamburguesa sin gracia que comiste en la tarde. Hay algo insípido en tu mirada. Estoy cansada, no soy alta, en cambio la maldita de Tanya…  Tanya mide tanto como para que tus ojos se queden fijos en ella, ahí, en donde se acaba el mundo. ¿No te das cuenta? Mira ese hombre, habla solo. No, estúpida, está haciendo cuentas, que es diferente. Las matématicas, decía cuando me miraba (ya sabes qué miraba) , son hermosas. Qué tonta, se te nota, estás leyendo a ese payaso otra vez. (alguien rie en el bus).

Es linda a veces. ¿De qué hablas? Tanya, Tanya es linda a veces. Entiendo. ¿Sí? No, claro que no, hablo de las matemáticas. Mira a ese hombre. Sí. Cuando esté distraído mira cómo clava su mirada en tu pecho. Ok. Desearía metérte en aquel matorral, pero ya no puede, entonces se va para el cyber, chatea con dos “mujeres” al mismo tiempo. “No puedo olvidar tus penes” teclea mal, corrige ” tus piernas”. ¿De dónde sacas tanta porquería? (una mujer se baja del bus y les regala una mirada de aceptación) mira, ahí voy yo. ¿Humm? Entonces el hombre siente un leve ardor, ya sabes de qué hablo, pero está en un cyber. ¿Y? Bueno, ya sabés, tendrá que llegar a su casa en algún momento.

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