Fútiles revelaciones universales.

matas

Texto publicado en Rizoma|Cali N.3

Hoy perdí la voz. Caminé hasta la ventana e intenté hablarle a una pareja de gordos que pasaban por el andén de mi casa, pero solo se percataron de mi presencia cuando estornudé el cerebro y todos los mocos se me salieron.  La voz viene de adentro como un estornudo. Pero ni estornudando volvió.  Los gordos se fueron y la calle quedó sola, otra vez.

El teléfono suena varias veces, pero todo esfuerzo es inútil. He decido no tomar medidas al respecto. Me quedaré así. Mi voz, dejará de ser parte de esta orquesta equivocada. Me sentaré en la sala, tras las hojas de los periódicos,  a esperar a que las matas viejas de la casa aprendan a caminar.

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