Editorial Rizoma 5

rizoma5 Foto: Cesar Cesilio

“Así, persuadido del origen enteramente humano de todo lo que es humano, ciego que desea ver y que sabe que la noche no tiene fin, está siempre en marcha.
La roca sigue rodando” Albert Camus. El mito de Sísifo.

Es posible relacionar la preocupación por los oficios con ese momento en donde la gente se da cuenta de que no ha hecho nada de lo que había calculado y comienza a cuestionar todo lo que dice que hace o sabe hacer. Es el momento cuando el peñasco se vuelve arena y queda tan solo un poco de polvo en las manos. Un instante absurdo y epifánico.

Esta vez, la mencionada preocupación, se puede relacionar también con haber escuchado cómo se ganaba uno su lugar en el mundo moderno o incluso antes, cuando los oficios eran pocos y los días duraban menos.

La suerte de una persona (el caso de la pequeña burguesía caleña, por ejemplo), se cristalizaba en virtud de atributos como una buena caligrafía, una dentadura impecable, un oído musical e incluso con la forma en la que se escribían correctamente los números sobre una servilleta. En ese orden, la ecuación vital se resolvía en oficios como: secretaria, asistente bancaria, afinador de pianos, contador. Uno era “alguien en la vida”, una sola cosa. Pero esta concreción se fue pulverizando, poco a poco, en medio de terapias de pareja, pausas activas en la oficina, sesiones de yoga para perros superdotados (tanto que la vulgaridad del mundo les pone los pelos de punta) y todo tipo de ocupaciones a corto plazo, anodinas e insípidas, que disolvieron el carácter de las personas.

Más allá de estas taxonomías arbitrarias y permeadas por historias de comedor, existe una cuya vigencia pervive; una que tiene que ver con los perfiles que la gente se empeña en construir cada día, para pararse frente al mundo. Es una suerte de empecinamiento histórico: se toman malas decisiones, se aniquila la esperanza, se corrompen las ideas, se mastica y escupe el corazón y se enloquece por tonterías; y la consecuencia inexorable de todo esto es el advenimiento de este personaje medio tarado, medio neurótico, atolondrado y caprichoso, que se excita con facilidad viendo un comercial de fajas, que aprende inglés mientras duerme y domina las hojas de cálculo, y que no se cansa de vaciar, a placer, el inodoro con agua potable.

Este número de Rizoma, se detiene en esos “raros momentos de conciencia” de los que hablaba Camus, cuando Sísifo desciende de la montaña, repasando (entre resignado y estupefacto) lo que sigue, aunque sea exactamente igual a lo anterior.

*Rizoma es una publicación literaria de ProyectoSic.  Se distribuye libre y gratuitamente en la ciudad de Cali, en Colombia. Acá más información.

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